Venezuela más allá de 2012: De rumbos, tumbos, rumbas y tumbas


 Espero que el título de este artículo no suene a mambo ni a changa o hip hop, porque las palabras seleccionadas no hacen referencia a nada armónico ni festivo. Los editores de esta revista me invitaron a comentar en un artículo si Venezuela transita más hacia un modelo de capitalismo de estado o hacia un modelo de autoritarismo en el mercado (algo así como dictadura socialista o dictadura modernizadora como alternativas de futuro para el país). Antes de considerar este planteamiento prefiero posponerlo temporalmente y ampliar el espectro de análisis hacia las perspectivas generales del futuro en Venezuela, consideradas más allá del próximo año y, quizá en un exceso de confianza proyectiva que raya la más absurda especulación, estirando la reflexión más allá de 2012.
Quisiera además, vincular esta ambición usando como herrramienta los típicos horizontes temporales de proyección estratégica para las naciones: a) el ámbito prospectivista o de muy largo plazo (usualmente entre 10 y 50 años), b) el ámbito de gestión estratégica (usualmente entre 2 y 6 años) y c) el ámbito operativo o programático (entre algunos meses y 2 años, aunque el más usual suele ser de 1 año). Aunque la nota metodológica pueda resultar inútil para muchos, digamos que el primer horizonte define mecanismos societales complejos para acordar un futuro compartido y los principales lineamientos estratégicos para abordarlo (llamémoslo, “Gran Devenir o Gran Estrategia País”); el segundo promueve el diseño de un plan de trabajo desde la perspectiva de un gobierno para avanzar hacia cambios que faciliten el tránsito gradual entre situaciones problemas y situaciones deseadas en un ambiente cargado de incertidumbre por la presencia de múltiples actores (llamémoslo “Plan de Gobierno”) y el tercero lleva todo al plano de la acción, con proyectos, actividades, gerentes y recursos asignados (llamémoslo “Plan Operativo”).
¿Qué se podría decir sobre el rumbo estratégico de Venezuela? Tal vez parezca un esfuerzo inútil comentar el asunto. Para unos está tremendamente claro y nos espera la estabilización y/o la profundización de la hegemonía chavista, una iniciativa que pareciera ofrecer como Gran Estrategia País alguna forma de revolución socialista, sin que se pueda considerar como Plan Prospectivo porque acude a la sociedad con la intención manifiesta de hacer los cambios a partir de la potenciación de aquellos disensos y confrontaciones que forman parte de los procesos revolucionarios[1].
Desde este punto de vista, el Plan de Gobierno (los planes, porque nos referimos a una iniciativa que ya tiene 12 años continuos en el ejercicio del poder, desde las bases del antiguo Estado al que supuestamente pretende derribar) no consiste en diseñar operaciones para atacar los problemas de la gente que debe abordar el gobierno según principios más o menos compartidos de gestión moderna liberal[2], sino que usa el poder de manera más o menos arbitraria para profundizar el cambio institucional y enfrentarse a las supuestas causas profundas de los problemas de la sociedad “el capitalismo” y sus “clases dominantes”, según la terminología política de apoyo, más o menos orientada por principios marxistas. Las grandes operaciones estratégicas consisten en “batallas” dialécticas y prácticas con agentes nacionales que son esquematizados en términos de “aliados” y “enemigos”, restringiendo las opciones de los actores y promoviendo juegos “halcón-gallina”[3], anunciándose para estos últimos el éxodo o la destrucción. La estrategia es, por tanto, facilitar la construcción de un estado al servicio del nuevo proyecto político, atendiendo de una manera coyuntural las áreas típicas de demanda ciudadana (seguridad, justicia, infraestructura, servicios urbanos, etc.). En este sentido el lenguaje del régimen ha ido cambiando desde las típicas promesas electorales (niños de la calle, viviendas, calidad de vida) a promesas condicionadas (sólo el socialismo nos permitirá…vivienda, empleo, seguridad, calidad de vida y, en definitiva, felicidad).
Desde el punto de vista operativo, la asistencia social intenta escapar de las bases articuladas del antiguo Estado (aunque, a estas alturas, resulta claro que está bastante bien ocupado por el control del nuevo régimen, que pareciera haberse adaptado bastante bien a su transcurrir burocrático) y ello provoca la creación de toda una organicidad paralela, llena de misiones y sociedades promotoras que pretender fomentar la organización de base popular que escape al axioma del estado de representación, formado por alcaldías, gobernaciones, ministerios, partidos políticos, parlamento, etc. Al mismo tiempo se estatiza progresivamente las capacidades productivas nacionales en amplios sectores de la economía, promoviendo un tercer frente de “nueva burocratización estatal” que cuesta imaginar con niveles de eficacia y productividad diferentes a las anteriores y relativamente recientes experiencias de estatización de nuestro país y de toda Latinoamérica.
Se trata entonces de profundizar la “revolución democrática” según sus promotores, que es entendida como la “restricción democrática creciente” según sus detractores.
Para estos últimos, nos espera el deterioro acentuado de un régimen que hace aguas y apostará por el caos antes de abandonar el poder, opción que, por otro lado, no pareciera dejar tranquilo ni al más optimista opositor, dado el nivel de deterioro de las instituciones del “antiguo régimen democrático liberal” y la liviandad y típica discrecionalidad de las nuevas instituciones revolucionarias, que seguirían controladas por el chavismo, al menos si la pericia opositora en medio de ese derrumbe no logra la alquimia de provocar nuevos procesos constituyentes y que los mismos sean tan exitosos como para estimular la reconciliación al mismo tiempo que se aplica justicia sin caer en faenas vengadoras, que ahí parecieran presentarse los problemas de la supuesta reconciliación necesaria.
En términos de Gran Estrategia País, no pareciera haber clara ninguna alternativa. La polarización provocada por el chavismo ha facilitado la unión de coyuntura de una gran variedad de opciones políticas “del antiguo régimen” pero la neutralización gradual de sus fuentes de financiamiento (la principal, el mismo Estado, ahora está abierta y discrecionalmente al servicio de una sola opción y allá donde queda una gobernación o una alcaldía de oposición, son utilizadas más o menos con la misma discrecionalidad para la sobrevivencia de los nuevos aislados) y de filiación popular (medios de comunicación y ONG´s que expresan la manera moderna y liberal de entender la emancipación, la libertad, la dignidad y los factores de desarrollo) han dificultado la posibilidad de que la gran mayoría de los venezolanos perciban un plan alternativo, al que, además, se le niega la posibilidad de acceso al poder desde el discurso oficial (el famoso eslogan castrista de “no volverán”). Además, a cualquier propuesta alternativa pareciera exigírsele un conjunto de difíciles condiciones: a) ser diferente al socialismo de Chávez y mejor que éste desde la perspectiva popular, porque si no ¿para qué cambiarlo?  b) prometer el acceso desde el Estado, para compaginar con cierta actitud antimoderna de amplios grupos sociales relativamente marginales, c) ser creíble, en medio del descrédito general hacia la actividad política y d) ser diferente al pasado, porque muchos han comprado la idea de que allí está la raíz de nuestros males, negando, aparentemente, la posibilidad de revisar con sentido positivo lo bueno y lo malo que nos dejaron aquellos 40 años de modernización populista democrática.
Y regresemos entonces a la pregunta ¿qué le espera a Venezuela? ¿Más capitalismo de estado o una dictadura modernizadora? ¿Habrá otras opciones? Por ejemplo ¿Será el socialismo real una real opción?
En términos de estrategia país todo depende del cristal con que se mire. A  mi me parece que el actual rumbo se parece más a un conjunto de “tumbos” y dando tumbos se mantiene la tradicional “rumba” del reparto estatista del patrimonio de la sociedad, usando la renta petrolera de manera inauditable. Mientras haya real habrá alguna forma de fiesta, tal vez con músicos peores, sin la misma marca de whisky en la mesa, sin fuegos artificiales…pero fiesta al fin. También, con estos tumbos, podría haber cerca alguna zanja o incluso algún precipicio y caer en ellos, con lo que la rumba se puede convertir en tumba, al menos para muchos compatriotas, más allá de los que cotidianamente se nos lleva la violencia y la inoperatividad sistémica de los dos Estados que agonizan en medio del asombro de pocos.
El capitalismo de estado es más fuerte como opción que cualquier opción modernizadora, sea cual sea el nivel de restricción democrática que se maneje para ambos. El capitalismo de estado fija el signo de los tiempos de la sociedad venezolana desde los albores de su construcción estatal, luego del fin de las guerras federales y entrados ya al siglo XX. En realidad Chávez no se enfrenta al reto de sustituir al capitalismo por el socialismo, se enfrenta al reto de construir una nueva forma política de capitalismo de estado, que ya ha cargado a los estados financieros del país, 600 mil millones de dólares en egresos (sin considerar pasivos) y que continúa sin ofrecer rendimientos diferentes a las últimas variaciones plutocráticas del régimen anterior, cada vez más parecidos ambos monstruos. En Venezuela no es mucho el capitalismo que hay que sustituir (lo que no significa que sea poco importante). Tal vez duela a muchos, pero lo que no ha tenido Venezuela con frecuencia y durabilidad en su historia reciente, lo que no ha pasado de escarceos y maquillajes, es la construcción de una sociedad productiva y moderna de ciudadanos que logran controlar su monstruo, el estado enfermo y drogado de renta.
El reto es fundacional. Una Venezuela diferente merece abrirse espacio, empezando por la psiquis popular. Una Venezuela que vincule lo que somos con el rol que asignamos al estado y sus eventuales administradores y que promueva que sus habitantes vivan de su iniciativa y trabajo. Una Venezuela que deje de liquidar patrimonios para andar de fiesta. El liderazgo cultural, social, económico y político presente y futuro de nuestro país no está de momento a la altura de este reto, pero vale plantear la esperanza prospectiva, estratégica y operativa de sumar más y más voluntades y liderazgos para abordarlo.

Román Domínguez Antoranz
Economista
Consultor organizacional. Profesor Toma de Decisiones Escuela de Ciencias Políticas, Facultad de Ciencias Jurídicas y Políticas, LUZ.


[1] Entendiendo aquí por procesos revolucionarios aquellos que aspiran, más que a gobernar, a cambiar de manera más o menos radical las reglas de gobierno y de funcionamiento de la sociedad, culpabilizando a una parte de la sociedad como responsable de los males de la mayoría y actuando en consecuencia (bajo supuestos de representación del nuevo Estado con la mayoría que, usualmente, dejan de ser validados bajo procedimientos democráticos tradicionales).
[2] Para no ampliar excesivamente las bases teóricas de este planteamiento, podríamos resumir que el Estado liberal moderno y contemporáneo aborda como funciones esenciales la provisión de cierto tipo de bienes y servicios a la sociedad por diversas razones, que giran en torno a su efectividad social (por contrario, a la falta de efectividad social de que las provean por si mismos los particulares), por ejemplo: defensa del territorio; seguridad y orden público; administración de justicia; provisión de moneda; normalización de pesos y medidas; estabilización macroeconómica (promover escaladas moderadas en los precios y estabilidad en tipos de interés y tipo de cambio, para facilitar un crecimiento robusto de la inversión, el empleo y el producto nacional); protección y saneamiento ambiental; salud preventiva; dotación de grandes infraestructuras (sobre todo aquellas cuyos tiempos de ejecución no suelen ser compatibles con periodos y montos de amortización por parte de privados, como grandes represas o grandes redes de saneamiento para las ciudades, o que comprometen aspectos vinculados a la seguridad y defensa, por ejemplo, la creación de puertos, aeropuertos y otras grandes vías de comunicación), inversiones educativas (especialmente aquellas destinadas a mejorar el desempeño científico básico –que usualmente no es de interés para los privados). También se entiende que el Estado asume ciertas funciones sociales de “regulación moral” que le lleva a intervenir para promover la igualdad de oportunidades entre los ciudadanos que representa, facilitando mecanismos para evitar los abusos de posición de poder y protegiendo a los que, de manera temporal o definitiva, tengan limitadas sus capacidades de autodesarrollo, procurando que todos accedan a bienes y servicios esenciales como vivienda, salud, educación o empleo.
[3] En teoría de los juegos, halcón-gallina describe una situación en la un grupo de actores enfrentados asumen una posición esperada, de amenazante destrucción el primero y de reconocida debilidad, el segundo.

PERSPECTIVAS ECONÓMICAS 2011


Ante la eventualidad de tener que ejecutar  un presupuesto 2011 deficitario de ingresos y gastos, proyectado ex profeso con premisas  sobreestimadas y subestimadas, se apelara para su financiamiento a la práctica recurrente de utilizar los ingresos cuasi-fiscales derivados del diferencial del precio presupuestado del barril de petróleo, con el precio de realización en el mercado internacional, vía créditos adicionales, con toda la carga de discrecionalidad  y opacidad que le son características, a esta suerte de presupuesto paralelo.

Otra posibilidad, es que en algún momento del primer trimestre de 2011, el gobierno anunciará una “corrección cambiaria fiscalista”, que le permitirá obtener más bolívares por los dólares que ingresan al país de las ya menguadas exportaciones petroleras y así equilibrar sus finanzas. Este ajuste cambiario se estima en un parámetro entre (15% - 25%), en la práctica algunos analistas estiman que se reajustará el dólar SITME únicamente, otros plantean la necesidad de ajustar el dólar 2,60 y el dólar petrolero de 4,30. Sin embargo, como quiera que la decisión es política, de cara a las elecciones presidenciales 2012, no se descarta una importante devaluación de nuestro signo monetario en 2011, para tratar de diluir el costo político de tener que hacerla en el año electoral.

También esta planteada una reforma fiscal para incrementar los ingresos ordinarios no petroleros, para financiar el presupuesto 2011. Se anuncia la creación de nuevos impuestos, con el criterio que sean de fácil recaudación, pero además se prevé aumentos en la alícuota de los gravámenes de los impuestos ya existentes. Tal es el caso, que esta planteado el aumento del IVA y la progresividad del Impuesto Sobre La Renta. Igualmente esta proyectado el regreso del impuesto al Debito Bancario, derogado en el segundo semestre de 2008, creándose además: impuesto a las tierras ociosas de uso urbano, impuesto por la revalorización de los inmuebles por efecto de obras publicas, impuesto a la tenencia de los bienes suntuarios, impuesto al uso de los servicios suntuarios e impuesto a las instalaciones y equipos productivos sin uso por causas no justificadas. Esta reforma fiscal permitiría una proyección de ingresos tributarios de Bsf 110 millardos, representando el 10,1% del PIB, pero con aspiraciones de llegar al 12% del PIB, tal como ocurrió en 2007. Sin embargo, no se puede abrigar muchas esperanzas de arribar a estas metas es decir, un incremento de los ingresos ordinarios, vía reforma fiscal por cuanto el nivel de actividad económica, que ya tiene dos años de recesión con alta inflación, no anticipa un buen desempeño en términos de recaudación.

Igualmente, el gobierno nacional pudiera utilizar los recursos depositados en diferentes fondos y fideicomisos, que aunque difícil de cuantificar por su poca transparencia y diversidad, apreciaciones prudentes lo estiman en US$ 41.800 distribuidos entre: Fonden, Fondo Miranda, Fondo Indepencia, Fondo rotatorio con China, Fondo rotatorio con Irán, Fideicomiso del Ministerio de Planificación y Finanzas, que administra la oficina Nacional del Tesoro y Fideicomiso en el Banco de Desarrollo Económico y en el Banco del Tesoro.

Cada una de estas opciones o la combinación de algunas de ellas, le permitirán al gobierno nacional surfear la crisis económica, pero de no aplicar medidas de política monetaria, cambiaria y fiscal, no retornaremos a la senda del crecimiento económico con una inflación moderada. Resulta indispensable  que se le restituya la plena autonomía al Banco Central, para que pueda ejercer sus verdaderas funciones de garante del valor de  nuestra moneda, custodio de las reservas internacionales y terminar con las emisiones de dinero inorgánico para financiar el déficit fiscal del gobierno central, hay que limitar el endeudamiento de los entes públicos que comprometen parte del presupuesto de la nación, hay que desmontar gradualmente los controles de cambio, precios y tasas de interés. Tenemos que regresar a la práctica que sea el Banco Central, que reciba la totalidad de las divisas que ingresan al país por las exportaciones petroleras. Y por último debe haber un entendimiento entre todos los sectores del país y aplicar políticas económicas consensuadas, para lograr obtener el objetivo deseado por todos los sectores. ¡Eso Creemos!

Eco. Alfredo Gordon